Una burbuja feliz

 

Por José Tévez

“La tecnología no es racional; con suerte, es un caballo desbocado que echa espuma por la boca e intenta desbarrancarse cada vez que puede. Nuestro problema es que la cultura está enganchada a ese caballo” (Martín Felipe Castagnet, Los cuerpos del verano)

 

Pensar en un retorno previo al desarrollo de las redes sociales hoy, es imposible; incluso, imaginar su fin es más difícil que imaginar el fin mundo. Tampoco se sabe mucho del alcance de sus efectos, es un proceso que transcurre a una velocidad sin límites. La realidad virtual ha penetrado por nuestros orificios mentales: ha ido re-configurando distintas formas de percibir la realidad, nuestras sensaciones, nuestros gustos, pensamientos y hasta el modo en que interactuamos y convivimos con el otro en el mundo. Todxs formamos parte de estas pequeñas burbujas virtuales creadas por los algoritmos de las redes, que se expanden por la plataforma. Allí hemos dejado huellas para siempre y fuimos construyendo ese perfil con las preferencias que elegimos mostrar; esos recortes arbitrarios como espejos rotos de nuestra personalidad circulando por la web.

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Estos algoritmos operan primero sobre el comportamiento individual y personalizado de cada uno de nosotros y, después, construye una comunidad virtual a nuestro gusto, a nuestros cliks. Vayamos a un ejemplo de evidente experimentación en la vida cotidiana. ¿No les ha pasado que dejan un rato reproducir libremente Youtube en su computadora y escuchamos infinitamente las mismas canciones que ya habíamos escuchado antes? ¿No sucede lo mismo con el catálogo de Netflix? ¿Sucede con las noticias también? Si probas al día siguiente, la repetición insoportable de lo que escuchamos, vemos o leemos se convierte en una jaula de hierro invisible, casi sin escapatoria, ya que implica tiempo para pensar y buscar una alternativa. Esto, quizás resulte una obviedad. ¿Pero por qué habría de cansarse de uno mismo o de nuestra burbuja antes de que sea demasiado tarde? ¿Cuáles son sus consecuencias a futuro? ¿Cómo resistir frente a estos fenómenos que llegaron para quedarse?

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Sociedad Hipersegmentada

Para señalar a un necio que se opone a observar otros elementos de la realidad que no fueran los que solo él percibe, un dicho popular afirmaba: “Vivís dentro una burbuja”. Vivir así, es abstraerse incluso. Puede que la tecnología haya tomado registro de esa necesidad de conformarse con lo que uno piensa. Las burbujas de filtro, sirven para que haya un ordenamiento lógico de convivencia, por eso existen los algoritmos de Internet, que con el resultado de los datos que recojen de nosotros, se van construyendo pequeñas aldeas virtuales en donde interactuamos con usuarios que comparten las mismas ideas y formas de percibir la realidad, iguales a las nuestras. Recomendaciones de amistades, publicidades de viajes, libros y eventos; hasta los sitios desde donde leemos las noticias. Claro, siempre y cuando sea para darnos el gusto de alimentar esa parte reptiliana de nuestro cerebro. En un artículo de Mina Harkner en esta revista, sobre “Génesis y estructura de la fenomenología netflixera”, la autora se refiere a una frase de cabecera de un Netflixero cualquiera en Facebook: “La mente crea problemas donde no los hay, aprende a controlarla”. Digamos que a mayor simplificación en los accesos menor capacidad para descubrir el universo de las complejidades.

Las consecuencias de esta lógica aún no se pueden llegar a determinar del todo. Una de las consecuencias de este proceso “son las múltiples grietas en todo el mundo”, afirma Esteban Magnani, docente, escritor y periodista; autor de numerosos libros sobre tecnologías y comunicación. La explotación utilitaria del algoritmo, dice Magnani en diálogo con PampaRevista, suele apuntar a “las personas más vulnerables a mi mensaje”, y el efecto por consiguiente, es de “un daño tremendo a la posibilidad del diálogo, de discusión racional, y de escucha”. Estas burbujas son consecuencias y resultado de una sociedad cada vez más “hipersegmentada” de la información. Entonces, es una sociedad que no acepta lo distinto porque según nuestras percepciones, “todos piensan como uno”, dice Esteban, “mientras que después, están los necios, los idiotas que ven otra cosa cuando la realidad, parece evidente para uno, es lo que uno ve”.

Los algoritmos de las redes sociales van modelando un usuario encerrado que no sale de su “zona de confort”, en donde tanto la información que recibimos como las mismas interacciones, se conforman en una burbuja que nos asegura la unilateridad ideológica. Para Magnani, uno de los objetivos de la explotación algorítmica es que “no nos vayamos de la plataforma”. El resultado, en este sentido, es que nos dice siempre lo que “ya pensábamos, no nos desafía y genera burbujas con recortes a medida de la realidad, y así  cada ciudadano empieza a creer que la realidad es el pedacito que el algoritmo recortó para él”.

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Sociedad del ruido

En este contexto, por ejemplo, tanto los ejércitos de trolls como las fake news (noticias falsas) son utilizadas por los gobiernos, ya que se pensaron para que operen en esta sociedad a la que muchos denominan, la era “posverdad”. “No hay verdad, todo está permitido”, decía una famosa frase. Entonces, una noticia falsa, una imagen descontextualizada o discurso malicioso, también sirven para que nos convenzamos de lo que ya creíamos. El gran desafío para el comunicador, dice Magnani, “es lograr hacerse escuchar entre tanto ruido”, saltar los cercos de los algoritmos”,  aunque resulte cada vez más difícil, al menos con las herramientas conocidas. “Los tiempos de atención se acortan para no incomodarnos (cruzar el límite de lo que uno ya sabía requiere esfuerzo) se hace muy difícil argumentar”, dice Esteban. Existen resistencias, saberes anteriores sobre los que apoyarse, pero para muchos el sistema es una carrera en la que no tienen tiempo para detenerse a pensar porque están hiper-explotados, exigidos por una sociedad en la que para “ser” hay que tener y aparentar.

“Por mi trabajo estoy obligado a pensar, a leer otras opiniones”, Sin embargo, se pregunta: “¿Cómo podría juzgar al tipo que trabaja 10 horas por día? ¿Cómo hace para llegar a la casa y ponerse a buscar información valiosa? Toma lo que hay, lo que le llega”.

Efecto Big data

En la sociedad digital, la recolección de datos a gran escala y su incipiente segmentación y personalización ha resultado ser -sin ánimo apocalíptico- el modo más efectivo de control y manipulación en relación a lo que Michel Foucault llamo como “sociedad de disciplina” en los siglos XVIII y XIX. Hoy el sometimiento no es a través del mecanismo de las viejas instituciones, sino que se desplazo a la información, al control. Ya hemos visto, incluso, los escándalos internacionales sobre cómo empresas cómo Facebook o la firma británica Cambridge Analytica (empresa dedicada a la propaganda electoral) intercambiaban datos de los usuarios (perfiles y análisis de likes) para el diseño de campañas políticas altamente eficientes, como sucedió con la llegada de Donald Trump en Estados Unidos. Tenemos otro ejemplo de cómo esta misma firma asesoro a la organización pro Brexit Leave.eu sobre cómo recolectar datos de perfiles de Facebook de los Británicos, para persuadir mediante mensajes personalizados a los ciudadanos, a través de un sofisticado estudio sobre los likes.

“Estos modelos comunicacionales son funcionales a las lógicas neoliberales que se quedan en las explicaciones en base a los comportamientos individuales, las explicaciones superficiales, las oraciones unimembres del sentido común”, cuestiona Magnani. “Explicarle a alguien que este modelo económico es similar al de la dictadura o al del menemismo, requiere hacer una explicación más larga”, y mucha gente no tiene energía para hacer ese proceso. Es más fácil echarle la culpa a la inmigración o a que “se robaron todo” y quedarse tranquilo. Repreguntar sobre esos supuestos con datos duros es muy difícil, porque el otro encima tiende a ponerse en una posición de “no respetás mi opinión”. En este sentido “ya no queda espacio para la discusión racional, un bien que ya era escaso”. Un ejemplo de esta situación  se pudo ver en las discusiones en el Senado por el aborto: “no importaba que se refutara un argumento. Se volvía a usar sin modificarlo y sin vergüenza. De esa manera la relación con la política no es con una realidad fundamentada: se torna una relación emocional con el líder”. Y advierte: “no es que alguna vez hayamos tenido una democracia totalmente racional. Los medios masivos siempre manipularon. El tema es que ese proceso se profundizó enormemente”, concluye el escritor.

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Escapar de uno mismo

Hoy no existe un Panóptico que nos vigila y castiga, o un gran ojo Orwelliano totalitario en un centro específico del poder: somos nosotroxs quienes sedemos nuestra información a la Big Data ante las condiciones que las corporaciones nos indican con la libre opción de elegir y aceptar. ¿Pero por qué deberíamos al menos intentar salir de uno mismo?  Para Esteban Magnani, es “importante salir de la burbuja”. Todavía hay muchas personas que logran ponerse por afuera, se desafía; tal vez hasta cambia. Una de las claves es la educación como una “herramienta para hacer dentro de lo dado, no para discutirlo. Una educación que construya “ciudadanía”. “Somos menos manipulables si tenemos esas herramientas”. Por último recomienda la primera parte del libro de Byung Chul- Han “Psicopolítica”, que dice: “Si el big data proporcionara un acceso al reino del inconsciente de nuestras acciones e inclinaciones, sería pensable una psicopolítica que interviniera hasta en lo profundo de nuestra psique y la explotara”.

Retomando la frase que los Netflixerxs comparten en la comunidad Facebook. Podríamos concluir con una advertencia y una sugerencia. 1. Escapar de la burbuja es en vano, no molesta a nadie y no marca una tendencia revolucionaria. Terminaríamos marginados del sistema, y dándole razones a la soledad taciturna. Se trata de buscar salidas transitorias. 2- Dejar que la mente sea quien origine los problemas, porque hay demasiados en el mundo. Controlar la mente, para que no te controlen.

Un comentario en “Una burbuja feliz

  1. Buen análisis, también suma como experiencia mantener contaminada la burbuja, aunque a veces se torne insoportable, solo para sostener el principio de que todo es cuestionable. Y de los algoritmos, no estancarse en los mismos consumos culturales cuando ya no ofrecen placer.
    A esta no la vamos a ganar, jamás jajaj

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