Trabajo inhumano

Por Noel Parra

Hace dos años que volví a Santa Rosa luego de mucho tiempo (acá), y nunca dejé de laburar. Por esta razón, hoy por la mañana no fui a trabajar. Me llamaron pero respondí desde la cama con un mensaje avisando que en un rato volvía, que había ido a solucionar el tema de la renovación del alquiler. “Bueno, no hay problema”, me dijeron.

Ayer me advirtieron enfáticamente desde la inmobiliaria que no iban a permitir, bajo ninguna circunstancia, que esté dos años más en este lugar. No me opuse, lo consideré lógico. También me dijeron que cambiaron la cerradura del portón, y que debía ir con 200 pesos a buscar el nuevo juego. Tengo dos semanas para dejar el departamento y no tengo ganas de tener llaves nuevas. En este momento estoy leyendo “Desayuno en Tiffany’s” de Truman Capote, y la protagonista tiene como costumbre perder las llaves, por lo que molesta a todas horas, con su particular carisma, a los vecinos del complejo para que le abran las rejas. De esta manera conoció al narrador, y así comenzó la historia.

Pienso molestar simpáticamente a mis vecinos hasta que no quede más remedio que mudarme. Espero encontrarme con alguien que sea fruto de inspiración de una novela. Dudo que pase, pero no me importa, igual estoy entusiasmado.

Esta mañana también me enviaron un email desde el otro trabajo, diciéndome que tenían una nota para mí, a la que debía ir a buscar. A lo mejor sea un llamado de atención porque últimamente me voy antes de tiempo. No lo sé, porque no fui a buscar la nota. No es que no trabajo, sino que a lo último no hay nada que hacer, y prefiero salir a caminar por la noche.

Un deseo que persiste en mí es que me echen para que me indemnicen por todo el sudor que he dejado y por el cual la empresa se ha enriquecido; y de esta manera salvarme. Pero hace pocos meses que empecé, y con eso sólo podría disfrutar un par de viajes en transporte urbano.

No hay que trabajar más de 3 horas por día. Ya lo decía Paul Lafargue a mediados de 1.800 en “El derecho a la pereza”, y lo dice ahora Rutger C. Bregman en “Utopía para realistas” (2016). De hecho, en Europa se está estudiando seriamente esta teoría, y algunos países ya empezaron a implementar la reducción de la carga laboral. Ocurre que la riqueza producida es tan grande, que a veces es contraproducente inmolarse una vida en el trabajo. En 10 años se va a vivir así en el viejo continente, en 20 llegará la moda a América, en 30 a Argentina, y a La Pampa en 40. Tengo 30 años, asique tendré 70 cuando se labure 3 horas diarias, es decir, estaré jubilado. Soy un hombre con mala suerte.

Previendo esta situación, anoche empecé a delinquir.

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