Moraleja: no hay moraleja

Por Federico Poore

Y un buen día quedó armada la final de la Copa del Mundo 2018. Una Francia joven, que fue de menor a mayor en el torneo y que dejó en el camino a Argentina, Uruguay y Bélgica, enfrentará a Croacia, un equipo con figuras que superan la treintena y que necesitó tres prórrogas para batir a Dinamarca, Rusia e Inglaterra. Esto no habla necesariamente mal del equipo conducido por Zlatko Dalic: la prensa inglesa ya había sugerido que la semifinal sería fácil debido al desgaste de los croatas y ahora que la noche cae en Buenos Aires todos sabemos cómo terminó eso, esto es, con la selección croata llegando a la primera final de su historia.

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De entrada parecía el encuentro ideal para Inglaterra: a los cinco minutos, una falta de Luka Modric sobre Deli Ali derivó en un peligroso tiro libre que Kieran Trippier clavó cerca del ángulo (el primer gol con su selección nacional… y en una semifinal de la Copa del Mundo) y los ingleses comenzaron a jugar su partido: lastimando con jugadores jóvenes que desbordaban y amenazaban con ponerse 2-0 antes del descanso. El conjunto de Gareth Southgate estaba jugando sus mejores 45 minutos del torneo y ya se sentía con un pie en la final (más allá de que a los treinta minutos de partido Harry Kane se haya perdido un gol hecho). Pero los croatas, que saben de comebacks -también habían comenzado abajo en el marcador contra Dinamarca en octavos y contra Rusia en cuartos- cambiaron el chip en la segunda mitad. A los 68, Ivan Perisic conectó un centro con la pierna en alto, al borde del juego peligroso, para empatar el partido, y ahí comenzó el vendaval croata. Cuatro minutos más tarde, el propio Perisic estrelló un tiro en el palo y desde entonces Inglaterra no volvió a tomar control del partido.

Llegó la prórroga y Southgate no pudo más que ver cómo su equipo se quedaba sin piernas y sin espíritu. La enésima arremetida croata (un mal despeje de Kyle Walker, un cabezazo de Ivan Perisic y John Stones que was caught ball-watching, como definió The Guardian) lo encontró a Mario Mandžukić solo frente al arco y el delantero de la Juventus no perdonó. Era 2-1 y festejo descontrolado, inmortalizado por el salvadoreño Yuri Cortez, un fotógrafo de la agencia AFP apostado en la zona de córner que terminó debajo de una marea de jugadores croatas en éxtasis. Fotoperiodista de raza, Cortez nunca soltó el dedo del gatillo y en su esfuerzo produjo una de las instantáneas más recordadas de esta Copa del Mundo.

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No hay lecciones a extraer de este resultado: Croacia —país de cuatro millones de habitantes— había entrado al Mundial por la ventaja de la repesca europea, con un técnico que recién tomó las riendas del equipo en octubre del año pasado, y ahora está a punto de disputar la final de la máxima cita del fútbol en Moscú. Tampoco es un vale todo: cabe recordar que si llegaron a esta instancia fue gracias al oficio de Ivan Perisic, Ivan Rakitic y Luka Modric, un grupo de experimentados jugadores de élite que están atravesando un gran año. Lo bueno de ser argentino (o brasileño, o español, o alemán) en este momento es que las pasiones no obnubilan el análisis. De hecho, si hay una cosa segura este domingo es que no vamos a sufrir. Ah, el alivio de poder decir, con gesto ecuánime y magnánimo: que gane el mejor.

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