Amor defectuoso

Por José Tévez

The Bad Batch (2016, Vice Films) es la última película de la joven directora, guionista y actriz británica Ana Lily Amirpour, y fue presentada en el festival de Cine fantástico de Sitges a fines de 2017, y actualmente aparece como original en Netflix. Pertenece a lo que podríamos decir el mainstream del indie norteamericano. Ana en 2014 dio el salto en  largometrajes con A girl Walks Home Alone at Night (2014); un film –noir  en blanco y negro que cuenta la historia de una joven iraní vampira que pasaba sus solitarias noches bailando new wave onchentero en las oscuridades de un sótano; y salía a chuparle la sangre a los malos de Bad City y robaba patinetas. Tanto la combinación de géneros y estilos (western, terror, o libros de Anne Rice o influencias que van de películas de Bruce Lee hasta David Lynch) como la música, son elementos importantes en sus películas: “La música le da forma a nuestras percepciones y experiencias de esas cosas, y es una parte importante en la forma en la que yo diseño todo. En algunos casos, la música llega incluso antes que la escena”, dijo en una entrevista a i-d.vice.com. 

¿Pero con qué vuelve Ana Amirpour en The Bad Batch? Amirpour, describe a un mundo post-apocalíptico: un desierto, comunidades desterradas, sin policías, sin internet ni comunicación. Lo que queda es la búsqueda del confort. ¿En cuál de los defectuosos mundos queres vivir?

Arlen (Suki Waterhouse) una joven de gorra, mochila, patineta y desconocida de todo pasado, es marcada y expulsada por una sociedad que la considera una paria defectuosa. ¿El lugar del destierro? Un desierto a las afueras de Texas, en donde el silencio, el calor, la muerte y la nada dominan la panorámica. Arlen, tenía un folleto en su mano que decía “encuentra el sueño, encuentra el confort” –lugar que debía encontrar- pero es atrapada por un grupo de físicoculturistas canibales que vivían en una comunidad (cosmopolita) en la que cada individuo conseguía su propia comida durante las cacerías. Desde una radio, un hit noventero despierta a Arlen, que se encuentra atada, mientras aparece en escena una mujer con una sierra cortándole un brazo y una pierna. El gore lo musicaliza All That She Wants, de Ace of Base. Los cuervos, esperaban la muerte y sobrevolaban la nada misma del desierto. Aparece un ermitaño (irreconociblemente Jim Carrey) con un carrito curtido en el olvido profundo y lleva a Arlen al lugar que tenía pensado llegar; quizás a encontrar el sueño con gente como ella.

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Como antagonismo, otra comunidad con otras reglas, con música electrónica, verdaderos animals techno: aquellos que buscan la esperanza, el éxtasis, el confort; un nuevo sueño al despertar.  La ironía puede hablar del American Dream, tan utilizado por los outsider demagógicos que han liderado –y lideran- en la historia de los Estados Unidos. “El Sueño” (Keanu Reeves) encarna una especie de líder de autoayuda que fabrica y provee en forma de comunión cristiana, LSDs a la comunidad, siendo esta la base de su “economía”. ¿Su ambición? Ser alguien para otros en un mundo en “apariencia”, de iguales, defectuosos. Además del delirio de embarazar a la mayoría de las mujeres – quizás con la idea de extender su poder-  se encargaba de eliminar la materia fecal de la comunidad; por eso son individuos seguros, limpios y drogados. Lo que los consuela es el confort y la ilusión del consumo; el de no perderse y ni sentirse solos. Por eso en este confort aparecen los residuos culturales del pasado pero todo esta roto.

Jimmy (Diego Iglesias), es el Dj que acompaña a El Sueño para  estimular a la horda aturdida y repetitiva que grita uniformemente: “queremos el sueño”. ¿El sueño es recuperar lo perdido?

Pistola en mano onda western, sin brazo y con una pierna ortopédica, Arlen, se quiere vengar de los fisicoculturistas pero la venganza no dura nada. Poco se sabe de la vida en comunidad de los caníbales; no había un líder, no había una organización piramidal, no había guardias de seguridad; lo que si, muchos gritos y sangre. Después de matar a una caníbal- que parecía no serlo-, Arlen vuelve a su confort con una niña que vivía en la comunidad de los musculosos, ¿eran todos inmigrantes?

Miami Man (Jason Momoa) un artista Cubano, quiere recuperar lo que posiblemente fuera su hija.

Arlen y Miami, se encuentran en el desierto: ella caminaba drogada en un viaje psicodelico, y él la amenaza para que lo lleve hasta Confort a buscar a la niña. Las escenas en sí son de pocos diálogos: lo justo y necesario. Mediante gestos y miradas la atracción entre ambos es inminente. Se conocen durante unas horas. Ella no sabía nada de Cuba, y pensaba que Miami era un “pandillero o drogadicto”, y no un indocumentado caníbal con sensibilidad artística. Arlen, tal vez una californiana independiente, tal vez seguidora de The Brian Jonestown Massacre; de hábitos y consumos totalmente distintos a los de Miami.

Arlen, abandona el confort, a los que escuchan la misma música, a los que tienen el mismo sueño, a los que son iguales a ella. Porque en el fondo somos todos defectuosos, y eso nos iguala. Las comunidades del confort, son complacientes y seguras; una más tribal la otra más parecida a lo que conocemos y nos gusta. En definitiva ningún sitio es cómodo, lo aceptas o sos el ermitaño.

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