Mañana podríamos estar muertos

Por Matías Gómez

The End of the F***ing World (Channel 4, 2017) es una serie de televisión basada en la novela gráfica “The end of the fucking world” (George Foreman, 2011). Lanzada originalmente en Channel 4 a fines de  diciembre de 2017 y re lanzada semanas después por Netflix a modo de Original de Netflix. La adaptación a la pantalla fue escrita por Charlie Covell y dirigida por Jonathan Entwistle y Lucy Tcherniak.

Desde ver el tráiler sabemos de qué va. Dos adolescentes –James (Alex Lawther) y Alyssa (Jessica Barden)- se escapan de su pueblo, él la quiere matar y ella está harta y cree que el amor puede ayudar. Es una historia de dos adolescentes que crecen juntos por casualidad. Alyssa, desconfiada de las personas que encajan, rompe su celular y manda a la mierda a su amiga porque esta le escribe un mensaje de texto desde en frente suyo; después lo ve a James. James, prolífico asesino de pequeños animales, ve a la chica nueva como su ideal primera presa humana. A pesar de no tener celulares, conversan como por chat. Antes de cada cosa que se dicen piensan cuidadosamente. Los primeros planos bien podrían ser emojis, o la falta de. Las familias son disfuncionales, el padrastro de Alyssa es una basura y su madre una mujer desesperada por la casa bonita y el patio y los gemelos. El padre de James es un idiota. Los jóvenes, como es de esperar los odian. “Se sienten cuadrados” dice Alyssa y James le responde “tienen plata, se sienten seguros”. Viven en lo que consideran el peor pueblo del mundo. El escape es inminente, para estos teens cualquier día puede ser el fin del puto mundo.

Los flashbacks durante los monólogos son en relación de aspecto 4:3, con imágenes cándidas y aspecto nostálgico o en 16:9 con crudos planos detalle y montajes veloces. El factor adolescente acompaña el relato en todas sus facetas. El ser inadaptado más clásico del joven rebelde en un pueblo chico en el presente. La velocidad de los montajes, las imágenes que los componen y la música en el fondo presentan el ser teen en su mayor esplendor. La rebeldía sin causa más que la disconformidad. La falta de vida en la vida en sociedad. La necesidad de ir a cazar al mundo y a la pasada huir de las casillas en las que los quieren poner los adultos.  El amor parece ser la respuesta; así sea entre imágenes de cuchillos, charcos de sangre y pies que se sacuden en agonía. El instinto asesino a la hora de abandonar sus casas, a la hora de planear día y horario para tener sexo y a la hora de pegarle una piña a un padre y robarle el auto.

bloody teens

Un arranque impulsivo y sin un mango en un auto robado es un excelente comienzo para un coming of age en el año 2017. ¿Es un comienzo original o único? Seguro que no. Pero el mérito de The End of The F***ing World no se encuentra en la originalidad sino que, como en otros hitos del género (Thirteen (2003) o Dazed and Confused (1993), la presentación del mundo que les da los motivos para odiar y amar de esa manera –quizás también siendo una pareja al estilo Natural Born Killers (1994)– es muy buena por donde se la mire. Lo bingeable que es, la frenética simpleza de hablar y de pensar de los protagonistas y los silencios incómodos sin la posibilidad de hacer tiempo viendo el celular hacen a The End of The F***ing World todo lo que es. Bueno eso y también el hecho de que los crímenes protagónicos son verdaderamente leves en comparación a los crímenes de reparto, lo lúgubre del relato y el entender al amor.

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