El ocaso del caudillo

Por José Tévez

Sobre la última campaña del caudillo y el ascenso del PRO. El lento derrumbe del PJ y la ideología  perversa que oculta la sagrada pampaneidad.

1. Aunque se suela decir dentro del peronismo que siempre hubo peores elecciones. Es verdad. Siempre hubo peores momentos. Al final, todos unidos triunfaremos. El partido que gobierna, y que no perdía desde 1985, vive por primera vez, desde que es gobierno, la posibilidad de perder el poder. ¿Por qué? Porque de profundizarse los resultados de las PASO de agosto, el peronismo se dirigiría hacia un lento proceso de derrumbe que habla más del futuro que del presente. El presente para cambiemos y su candidato millennial en caso de repetirse la tendencia, lo instalaría de a poco en un territorio en el que el PRO no había ganado (sin contar el ballotage). ¿Y el presente del peronismo? Ahí lo vemos a Carlos Verna con una campaña a sus espaldas, hablando como nunca lo hizo con toda la prensa a su favor; conteniendo a kichneristas, respaldando a militantes huevones; nos interpela una vez más a los pampeanos: “votá por La Pampa”. ¿y si esa interpelación a la pampaneidad no sirve más? ¿y si ya a nadie le interesa el curso de los ríos porque están cansados de esperar en la  intemperie? Es la última batalla del caudillo y ordenaron dispararle.

2. Para la política sí existe el futuro. Ningún proyecto político -que aspire a la permanencia- se sostiene solo con el presente inmediato, sin un horizonte. Cambiemos lo hace. El politólogo Pablo Touzón, dice que la hegemonía del PRO se define no por la “cantidad de bancas en la cámara de diputados o senadores” sino que por el peso del Partido de Estado, y una posible “reelección del presidente”. Bien, el Macrismo se proyecta hacia el futuro estimulando el odio y el hartazgo. ¿Y el peronismo qué? ¿no le servían estas elecciones de medio término para resolver los problemas de unidad y organización que afrontan a nivel nacional?

Entonces, pensar en el futuro con los resultados de las PASO a favor hubiera resuelto la crisis de representación, de aparato, o la fragmentación. Pero no sucedió. Creo que el peronismo pampeano bebió de ese cóctel mortal de subestimación que en noviembre de 2015 habían bebido Scioli y Aníbal Fernández. Cuando creyeron que con la historia del Partido y políticos piantavotos podrían subestimar al oponente.

3. En medio de este temblor me gustaría centrarme en la figura de Carlos Verna, protagonista del presente inmediato pero también del futuro que no es muy lejano. El 2019. El peronismo hoy, esta totalizado en la imagen de un caudillo en retirada. Y vuelvo sobre lo mismo: eso no es un problema si los resultados en las elecciones le hubieran sido favorables. ¿Qué otro candidato podría suceder al caudillo cuando termine su mandato? Este es un punto muerto del que no escapa el peronismo Pampeano. Podríamos pensar en la magia del marketing y la comunicación: el PRO instala a Maquieyra. Joven, preparado para decir lo que  tiene que decir con su tonalidad, gestos y vestimenta en contextos determinados. Eso sumado a qué ningún otro partido político lo trabaja, tiene sus ventajas. O si no, ¿qué tipo de magia podría hacer el marketing para igualar la imagen de un viejo caudillo con  la de un joven político en ascenso? Es claramente subestimar si creemos que Maquieyra le ganó a Verna en su General Pico natal solo con ingeniería de marketing. En el peronismo, más que semiótico, el problema es político. ¿No es la imposibilidad de instalar un candidato con el tiempo un problema a futuro? Porque Ariel Rauschenberger ya no es Ariel, ahora es Verna;  por eso la campaña se identifica con el líder que te dice por quién votar. Hace años que el peronismo no logra instalar un candidato que represente a la renovación que no fue y para lo que hoy es demasiado tarde.

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4. Cambiemos está viendo el proceso de derrumbe del PJ y sus caudillos como esta sucediendo en San Luis. Por eso lo que sucede en la política pampeana no es ajeno a los ojos de Macri. Pero, ¿en qué condiciones le fue tan bien a Cambiemos? Primero, por el Colo Mac Allister, personaje público, jugador de Boca y de la selección Argentina; influenciaron para que en poco tiempo instalara el partido de los globos en La Pampa. Segundo, por Maquieyra, que nace de los riñones del PRO y es uno de los preferidos del presidente. Y tercero, porque el joven desconocido vino a disputar un territorio acostumbrado a la dialéctica del bipartidismo aburrido en donde los radicales siempre perdían pero siempre eran una buena opción.

Maquieyra en poco tiempo desplazó en la interna de Cambiemos a los candidatos del radicalismo y tiene ahora la ayuda del gobierno nacional. Ahí entra el discurso del “cambio” y la épica de la historia que el PRO utiliza en su campaña. Se cambia por cambiar. “En frente tenemos a los mismos que hace 34 años”, dice Maqueyra. Sloganes que vienen teniendo tanto éxito como su capacidad de cooptación de las estructuras de la UCR y de muchos militantes desgarrados o desleales que ven que el Titanic en cualquier momento colisiona y se hunde en el océano. Huyen. Entonces, ¿por qué La Pampa? si es un lugar marginal con una administración ordenada. Porque hay señales de agotamiento. Y tal vez ese “Elefante blanco”, sobre al que a Verna le molesta responder, termine siendo una metáfora de su devenir.

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5. ¿Cuánto iba a pasar para que ese pacto- entre Verna y Macri -de no “violencia” se rompiera? Incendios, el Atuel, la construcción de Portezuelo del viento. Ahora bien, ¿hubiera sido lo mismo para Macri –re contra peleado con Verna- si el peronismo le iba bien en las elecciones? ¿buscará Macri ahogar a Verna hasta que termine su gobierno? Es muy probable. De hecho Nación no anunció ninguna obra para La Pampa ni mucho menos lo va hacer finalizada las elecciones. Por eso tiene razón el gobernador cuando dice que el gobierno nacional busca “dejarnos sin plata para que no podamos pagar los sueldos ni hacer obras”. ¿Te imaginas a Verna peleándose con los sindicalistas que hasta hoy lo aplauden? ¿los precarizados, los aguinaldos, las jubilaciones, el fuego de vuelta, la lluvia? Por eso dice Verna, -mas que discurso de campaña- que La Pampa se juega mucho en estas elecciones. Pero no solo La Pampa. También Verna. Sobre la historia y memoria que se pondrían en juego hasta al final.

6. No soy sociólogo. Pero a modo de reflexión. Quiero terminar hablando sobre qué es lo que se vota cuando nos metemos al cuarto oscuro. El gran Fito Páez fue denostado por la prensa jurisprudente cuando dijo que “le daba asco la mitad de los porteños”, que votaban en Capital al PRO; que le pegaba a los mendigos, cerraba centros culturales, tiraba la basura a la periferia y hacían espionaje como también lo hacen hoy. Se me vino a la cabeza eso, porque muchos nos preguntamos ¿por qué no se hartan los porteños de la impresentable de Elisa Carrió? que se burló del posible cuerpo de Santiago Maldonado flotando en el rio. Lo mismo me pregunto en medio de estas campañas sobre por qué el PJ sostiene al ministro Tierno. ¿Por qué? Porque a nadie le interesa. Leí la carta que el ministro le envió a Patricia Bullrrich (otra impresentable) respondiéndole acerca de la seguridad montada en la visita de Mauricio Macri. Cito textualmente: “nuestra policía constituye un elemento fundamental para que La Pampa, en estos casi dos años de gestión, sea una de las provincias con mayor reducción de delitos en todas sus formas. Siendo la institución policial pampeana reconocida, en toda la Argentina, por su formación, honestidad y vocación de servicio”. Semejante publicidad se metió en esta campaña. Qué iba a hacer el ministro sino, ¿no defender los intereses de los pampeanos? ¿Cuáles son esos intereses?  ¿Por qué tenemos que soportar a un condenado por abuso de autoridad que ataca al que no piensa como él? Tiene razón Tierno. Su policía es reconocida porque dispara a la cabeza.

Entonces, ¿por qué no puede ganar en La Pampa una expresión política que refuerza los aparatos represores como el macrismo? ¿qué tendría de extraño?¿Acaso no nos mandó Verna hacer una encuesta para saber cuánto quiere la sociedad pampeana a Tierno? ¿Nos olvidamos de los amigos del PJ condenados por explotadores sexuales?

Ahí está el último caudillo. Bañándose en humildad. Con la última campaña sobre sus hombros. Con toda la prensa a su favor. Con los militantes huevones. Con su historia. La memoria. Nosotros espectadores.

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