Maldonado y la dialéctica del trotecito lunar

Por León Nicanoff

Una muchedumbre concentrada en la Plaza San Martín. ¿Santiago Maldonado realmente existió? Alguien me susurra en el oído, se pone mi piel de gallina, me doy vuelta y no hay nada. Nadie. ¡Já!, pienso, qué atrevida esa brisa, cómo se atreve a formular una pregunta así y desaparecer. Desaparecer. Bueno, le respondo al viento, existió pero ahora es otro, se lo vació de contenido y se lo volvió a llenar. ¡Ahhh!, y con qué se lo rellenó ahora, una voz que aparece de abajo para arriba, de una baldosa suelta con olor a mierda, calle San Martín. De palos, se lo rellenó de palos de la gendarmería, otra voz pero ahora viene de arriba para abajo. ¡Bueno! opinemos todos, muchachos, que para eso estamos, disparo a la nada. Entonces, bullicio: que vos que yo que aquel que este que el otro, que Macri Cristina la dictadura, indios chilenos argentinos delirantes jipis. Sucio, si vos no votaste nunca. Que renuncio no renuncio. Que Julio que López ¿y Arruga? etcétera etcétera etcétera. Que Lanata que el gobierno que la manipulación, que los actos la campaña que la cara la no-cara, los afiches las incógnitas, las redes la virulencia el odio. Que te tiro un muerto un desaparecido que vos me tiras otro, que hacemos malabares con los muertos los desapreciados ¡AH! Qué pasa acá, no entiendo nada, dónde estamos. No sé nada.

Bueno basta, pará la pelota, ché. En el fondo: un discurso y un micrófono. A su alrededor: individuos de muchos colores y banderas. En el país: la manifestación. En la Plaza San Martín: también. En Brasil: incluso en Brasil. Qué sano que los pueblos se manifiesten, que los taxistas tengan en la bajada de bandera la incógnita que grita dónde está Maldonado. La marcha comienza, se organiza, se moviliza. Una columna, de cinco metros de ancho. En el frente, una bandera de Memoria, Verdad y Justicia. En el fondo, de relleno los perezosos. En el interior, ancianos, jóvenes, chicos, muchas edades. Bombos, tambores, platillos, máscaras, caretas, caretas. Un colectivo feminista: todas somos Andrea. Agrupaciones, muchas agrupaciones. Varios dedos en V, un par de dedos en TRES (muy raro). Sindicatos, organizaciones de Derechos Humanos, estudiantes, vecinos, etcéteras, muchas etcéteras. De pronto, me llega un mensaje al celular: amigo –era una amiga- ¿fuiste a la marcha? Si, acá estoy –le mando una selfie-. Ah entonces soy re facha, ¿no?, me dice. No, por qué decís eso –es una amiga culpógena-. Porque mis contactos de “artistas inteligentes” y periodistas me dicen que soy una fascista porque no puse de estado en mi muro “dónde está Maldonado” y porque estoy tomando mate, escuchando música y leyendo un libro en vez de estar en Plaza de Mayo. Y todos esos contactos que tenés fueron a la marcha, le pregunto. No todos, me dice, solo los que tienen cerca la parada del 68.

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Sigo caminando, las campanas suenan, vibran, y vibra la Plaza al canto de Macri basura vos sos la Dictadura. Al día siguiente recordé ese momento cuando escuché la frase de un tipo que vino a Santa Rosa y la clavó al ángulo: “Si hablamos de dictadura perdemos de vista lo desastrosa que puede ser la democracia”. Ahora elevo la mirada y qué bonitos que son los tordos, negros resplandecientes, todos desparramados, como hijos de cuervos. La plaza sigue vibrando con el mismo canto, y esa vibración me atrapa, me copta. Sube por mis talones, mi columna y todo el progresismo se deposita en mis pupilas. Elevo nuevamente la mirada y me enfurezco: tordos desperdigados, atorrantes ¡organícense!  Tan desentendidos de las causas, ¡no les importa nada! En vez de boludear de arbolito en arbolito podrían aprovechar que vuelan y buscar a Maldonado, ¡Lacras! Rápidamente ese progresismo se desvanece y se pierde en el aire. Sigo caminando un poco más pero no tanto porque me canso y me siento, y pienso que estos temas en estas circunstancias quedan reducidos al universo progre de periodistas, artistas, dirigentes sociales, comprometidos (la mayoría parcialmente, algunos en su totalidad), exagerados, sobreactuados, individuos rigurosamente constipados en su expresión, señaladores incansables de la moral pasajera, y que se imponen en la agenda para que el oficialismo los utilice para jugar al aburrido aburridísimo juego de la partición, con ese movimiento dialéctico de trotecito lunar, esa jodita que tanto le sirvió a los anteriores y que tanto le sirve a los actuales, ese griterío histérico con pataleo que tanto ruido provoca y que por lo tanto nada se escucha. Porque ahora ya no sos golpista o funcional a; ahora te creció la barba talibana y directamente sos terrorista (como si los terroristas fueron los talibanes, incluso).

Así, sin escrúpulo, sos sedicioso y terrorista, como bien se intenta instalar desde el aparato mediático que demuestra, frente a este caso, su total y absoluto apoyo a la administración amarilla, manipulando -algunos con más sutilizas que otros-, la noción tibia que se tiene sobre determinados temas, para que ingrese a la lógica perversa del maniqueísmo absurdo y que finalmente nada, pero nada, tenga sentido.

Entonces el planteo es:

-Y dónde está Maldonado.

-Ajá, y dónde está López, no decís nada al respecto.

-¡Ahh! y el control de la tele dónde lo dejaste, dónde está.

-¡Ahhhh! y la mayonesa, ¡¿dónde está?!

-Bueno pará, hablando en serio, vos nombrás a Maldonado pero a López no.

-Bueno, nombro a López y Maldonado.

-Pero no reclamás por Arruga.

-Bueno, reclamo por López, Arruga y Maldonado.

-Bueno, pero no reclamás por los supuestamente 30 mil desaparecidos.

-Bueno, reclamo por Julián choque cahuana, Mario Alberto Gómez, Sara Eugenia Palacio de Verd, Marcelo Aburneo Verd, Luis Enrique Pujals, Petrona Ángela Contrera Barcelona, Lucio Brnardo Altamirano, José Antonio Pérez López, Juan Daniel Puigjane, Ángel Enrique Brandazza, Agustín Alfredo Navarro, Joaquín Vega, Julio Alejandro Casusa, Guillermo Luis Ball Llatin, Viviana Irene Ringach, Adolfo Skof, Joao Batista Rita, Andrés Omar Haidar, Juan Carlos Villafane, Antonio Luciano Pregoni, Jean Henri Raya Ribard, Edmur Pericles Camargo, Daniel José de Carbalho…

-Paraa viejo, tomá un poco de aire.

-Bueno…

-…

-…

-¿De qué hablábamos?

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