Un punky melancólico

 

Texto: José Tévez

El picadito termina justo cuando cae el sol en una calle cualquiera del barrio Comercio. Un joven, ya adolescente, desinteresado por los deportes y los viejos buenos rituales de su tiempo sale de su casa apretando con su mano un walkman. De pronto un  vecino de 10 años le pregunta: ¿Qué estas cantando? “The KKK Took My Baby Away”, de los Ramones, le responde. Aquel sonido rebelde, sencillo e intenso se había inoculado a través de los oídos y quedó impregnado en la conciencia de José Tomás para siempre.

Son los primeros años de la década del 90, la música llega a los jóvenes a través de las grandes cadenas televisivas como MTV o Muchmusic. Afuera, el clima de una época sin horizontes. Reventada, estable y acabada, liberada al mercado. José Tomás escucha Flema y 2 minutos en casa de sus padres tirado en la cama y mirando el techo de su cuarto. Tal vez más tarde recorra las calles y los bares inconscientemente, amenazado por los primeros airecitos enfurecidos y exaltados del Punk under Santaroseño. Tiempos de una rebeldía necesaria, y en que todo puede pasar.

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“…nació una rebeldía”

José Tomás está inquieto: con 17 años decide junto a un grupo de amigos crear “NN”, su primera Banda de rock Hardcore. Dice que “tocaban para divertirse”. Durante las primeras giras por los bares circulaba una jarra que contenía una pastilla y te dejaba anestesiado. En invierno no sentías la escarcha que carcome la piel y en verano los días no tenían fin. Sus padres fueron a verlo: “Ahora les digo que ni vengan”. Tomás cuenta que tocaron en el “Santa Rock”: un festival organizado por la municipalidad que se realizaba en las inmediaciones de “La laguna Don Tomás”. Era el escenario perfecto para transmitir los primeros indicios del anarquismo de ciudad: ese estado de conciencia que lo escupirá hacia un amor futuro. I Love Daiana.

Afuera el nuevo milenio cargado de inestabilidades e incertidumbres. Estamos pos crisis. José Tomás busca nuevos horizontes en el teatro con el rompe estructuras Silvio Lang. Duró solo un año.  El camino está minado de dudas. Trabaja con un herrero y sale con una chica. No va más a los recitales. Tomás eligió el camino del bien. La música se había terminado. Pasaron 5 años en silencio. Apagado.“yo pensaba, ya fue, me gustaría ser un hombre de laburo”.

José vuelve a cruzarse con un viejo conocido de giras: Rodrigo Z. Comienzan a intercambiar todo tipo de experiencias. Z le habla de los fanzines anarquistas que circulan por la facultad de humanas: “yo le decía que era anarquismo institucional”. Rodrigo milita por un abanico de buenas causas sociales. “A mí siempre me gustó la historia de los anarquistas, los crotos, los marginados”. Le interesa la vida del poeta anarquista Severino Di Giovanni.

“Morir despierto”

El horizonte es incierto. Comienza a participar del colectivo social y cultural 1° de marzo. El intendente es destituido pero su policía adiestrada es más violenta que nunca. José se aburre de las asambleas. Le cuesta nuclearse en una organización. Cree que “usaba el lugar como refugio”. No desmerece ninguna causa ni ninguna lucha, pero siente que no puede aportar mucho. Por las noches cae en el pozo. Se tira para atrás con los ojos abiertos como si hubiera visto un fantasma. Sus músculos se tensan. Piensa en Daiana. Le tiene miedo al día. Tal vez, solo buscaba eso: expresar ese estado de melancolía permanente que se incrusta en lo más profundo de nuestra intimidad. Ese sentimiento que se suele llevar adentro: sentirse un poco extraño casi todo el tiempo.

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Daiana contiene distintos significados: es amor al instante previo, amor a una chica onda guaraní que trabajaba como mesera, y entonces decían entre amigos: “I love Daiana”. Nace la primera formación de la banda integrada por Z en guitarra y “el pelado” Ojeda en batería. Las noches de ralladuras son frecuentes. El día es un pozo inevitable, insoportable y dramático.  José ve que el proyecto no va para ningún lado: “en esos años me metí en una rosca media importante”.  Ojeda deja la banda al poco tiempo. En un galpón abandonado ocupado por un linyera Santiagueño, I love Daiana empieza a tocar: “Hicimos los primeros recitales alumbrándonos con tachos con aceite quemado y prendido fuego”. A Tomás le gusta ese hábitat. Ensayan en la habitación de una casa del barrio Mataderos, donde vive José.  Suman a Alan (actual guitarrista) y empiezan a preparar lo que sería la segunda formación de “I Love Daiana”, con “Kumbia y Anarquía”, un trabajo inspirado junto a Z.

Su compañero de ruta deja la banda para siempre después de una ruptura. “quería tocar con Alan”, dice José. No sabe si estuvo mal, pero es lo que sentía: “uno es humano y a veces se equivoca”.

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Realismo Punk

Para José, el Punk tradicional es algo sectario y discriminativo: “eh puto”, “yuta”, suelen decir cuando no seguís esos estándares”. “Somos más suaves. No vas a encontrar “yuta puta”, aunque lo piense”. No le gusta lo explícito. Las canciones de Tomás nacen tarareando en el laburo, acarreando baldes.  Dice que imita a Ivete Sangalo, adaptado al punk con ese aire de melancolía y nostalgia. Se ríe de sí mismo. Le gusta el melodrama. Inventa personajes. No se sabe cuando está interpretando un personaje para sí mismo. Dice que tiene algo de Joaquín Sabina, que intenta imitarlo o que es el “Arjona del punk”. No le importa lo que se diga.

 

A pesar de todo eso que es “derrota, tristeza y melancolía”, lo que quieren es  que haya “fiesta”. Las letras tocan esos temas de la vida cotidiana como la imposibilidad de estar con esa chica, la constante búsqueda de escapar o la necesidad de salvarse: el amigo que se va a dormir para ir a trabajar, mientras la bolsa de cocaína está ahí. La famosa escena del postre sin cena, que Tomás conmemora con humor. La realidad no basta con salir a la calle. Recuerda las veloces camionetas de la policía merodeando el barrio reprimiendo. Escucha corridas. Dice que sus canciones no son una “barricada policial”, y cita un fragmento de una de sus canciones donde dice que “el “terror está afuera” y “el terror está en casa.”

Su mirada busca un blanco. Por momentos parece tímido, como si pensara: “¿Qué mierda hago acá?” Oculta su melena con un gorrito de lana negro.  Sus ojos brillaban entre dos cejas anchas, origen español. Prende un cigarrillo. Destapa una cerveza y habla sobre “I love Daiana”. Dice que están bien. Maxi esta firme en la batería. José ve rostros desconocidos en los últimos recitales. “es re loco que pase eso”. Ya es de noche en Santa Rosa. José Tomás está sentado en un sillón.  Y responde sobre el futuro:

“Siempre hablo con mi novia. Quiero viajar. Sos de acá y queres salir un poco. Nos gustaría salir y viajar, como hace todo el mundo. Viajar para tocar. Conocer. Vivir esa experiencia. Tomarse un café en un bar de Buenos Aires. Quiero grabar. La vida es cortita. Es una actuación. Somos espectadores y no dura para siempre. Hay proyectos y es ahora. Por eso es como dice el punk: no hay futuro”

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