Eternos detractores

Por Matías Gómez y José Tévez

No está científicamente comprobado que la marihuana pudiera curar nuestras enfermedades. Lo que sí es cierto es que su derivado medicinal puede calmar los dolores; hacer que ese agónico tránsito hasta la inevitable muerte sea lo más digno posible. Si la acelerada vida moderna deja cascaras en nuestras pieles que luego se transforman en heridas; el cannabis puede aliviar esos síntomas. Pareciera que estamos privados de estas alternativas que alivian nuestros dolores. Más allá del estado de conciencia y las numerosas jornadas sobre su utilización, los cultivadores aun tienen problemas para desarrollar su trabajo, y tienen que lidiar con la policía para no caer detenidos. Este es el eterno debate de antaño. Acérrimos detractores del consumo placentero o no. Una larga historia de prejuicios, desinformación, hipocresías y moralidad.

En Argentina es un tema profundamente tratado por los prejuicios más diversos. El tema drogas nunca se va discutir seriamente porque no logra despegarse de esa larga lista de  prejuicios y sentidos comunes: “consumir drogas es un delito”. “Consumir drogas te vuelve un enfermo y potencial peligro para la sociedad”. Y en esta gran bolsa de “drogas” entra la marihuana. A Eduardo Feinman nunca le va interesar el dato de que en muchos países el tema drogas haya sido abordado por el Estado con programas de salud. Por ejemplo, el modelo “despenalizador del consumo” en Portugal, lejos de fabricar más drogadictos o acentuar el narcotráfico tuvo resultados muy positivos. La proporción de adictos a las drogas es similar desde la sanción de la Ley de despenalización en 2001, y es un ejemplo de éxito en políticas para luchar contra la drogadicción. Se logró reducir enfermedades relacionadas con el consumo. Por ejemplo, los contagiados por VIH, que han pasado de 1000 en 2001 a 56 en 2012.

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En Argentina,  se discute la legalidad de la marihuana, y la muestra de eso son el aumento de las detenciones en el marco de la demagógica  “lucha contra el narcotráfico”. En 2016, la cámara de diputados dio media sanción al proyecto que permite el uso del Cannabis medicinal, ese mismo año, las detenciones por tenencia aumentaron en un 30% en 6 meses. Pero como suele suceder, la legislación va por un lado y los fallos de la justicia por el otro. Ese mismo año la justicia habilitó la detención de Adriana Funaro; una activista por la despenalización del consumo, pero fueron muchos casos ese mismo año. En 2017, el senado aprobó el proyecto de uso medicinal, en la cual proponía un marco regulatorio para su uso medicinal y científico. Pero las detenciones siguen aumentando.

Las sociedades cambian pero la historia de los prejuicios y detractores no. En cuanto a los debates televisivos sobre el consumo de drogas ( en sus distintos usos), incluso es peor que antes.  Son tan pocos como inexistentes. Podríamos mencionar un debate sobre “consumo y libertad de expresión o apología del delito”, en 1996, en el programa Hora Clave de Mariano Grondona, donde a pesar de posicionarse en contra explica el por qué como buen liberal. El show de detractores televisivos de hoy le da de comer al espectador mas dosis de la peor droga de todas: el sesgo de una ignorancia.

Invitados: Samuel “Chiche” Gelblung. Carolina Perin. Enrique Symns (periodista). Nicanor Gonzalez del Solar. El Doctor Julio Cesar Araoz (Secretario lucha contra drogadicción y narcotráfico). Mempo Giardinelli.

Detractores: De Baudelaire a Feinman.

Charles Baudelaire fue un poeta francés reconocido como uno de los “poetas malditos” en el siglo XIX. Uno de sus libros se titula “Del vino y del hachís”. En esta publicación Baudelaire se declara amante del vino y detractor del hachís. Si bien el hachís no es lo mismo que la marihuana, sino que es un producto extraído de la flor de la planta de cannabis, su efecto es similar. También hay que tener en cuenta que en este pequeño libro el autor deja claro de que lo que se considera hachís en ese entonces es una mezcla de un extracto de tricomas de la planta de marihuana combinado con un extracto de otra planta de la que el principio activo es el opio. Se puede condensar la opinión de Baudelaire en dos oraciones, “El vino vuelve bueno y sociable; el hachís aísla. Uno es trabajador, por asi decirlo, el otro esencialmente perezoso.”. Baudelaire entonces seria un anti-marihuana del siglo XIX. Antes que fumar algo que permite “…llegar al paraíso de un solo golpe” prefiere al vino que “…exalta la voluntad […] es un apoyo físico…”.

Otra personalidad reconocida en la literatura que se expresa abiertamente en contra de la marihuana y su uso fue Charles –tocayo del poeta francés- Bukowski. En una entrevista Bukowski dice “creo que un hombre puede seguir bebiendo por siglos y nunca morirá. […] pero he conocido a muchos jóvenes inteligentes que solo fumaban marihuana […] al cabo de dos años estaban asi como “hey, hey, ¿cómo estás?””. Este escritor norteamericano destacaba, con una cerveza en la mano y un tono extremadamente burlón, como -según el- la marihuana afectaba a las personas. No se explayaba mas que eso. Después de hablar de la marihuana proseguía a ensillar en el caballo mas grande al alcohol. Este podría ser entendido como el detractor de la marihuana del siglo XX. Un escritor y periodista independiente norteamericano que se dio cuenta de su vocación ya años adentrado en su vida. Gozó del éxito por algunos años contando sus miserias pasadas.

Ahora en el siglo XXI nos podemos plantear a un detractor de la marihuana como Eduardo Feinman. Durante la quinta marcha por la legalización de la marihuana en Argentina, desde un estudio de televisión, Feinman dice: “… la libertad absoluta. El tema es que están cometiendo un delito, están haciendo un piquete, es el piquete marihuanero, el piquete drogón, perjudicando a miles y miles de personas que en este momento están saliendo del trabajo”. Eduardo Feinman es un periodista de la televisión. Por lo que se puede escuchar de lo que dice en parte parecería que coincide con Baudelaire: piensa que la marihuana hace a uno perezoso. Pero claro, Baudelaire fue, si se quiere, más científico. El poeta frecuentó bares y se emborrachó y luego casas en las que se consumía “hachis” y se drogó con eso también. Luego elaboró conclusiones. Entonces quizás Feinman es más parecido a Bukowski, un poco más reduccionista, pero no hay evidencia que Feinman nunca haya dicho que alguien que es inteligente fumara marihuana. Claro, no va a ser igual a ninguno de los dos. Es una especie de evolución de los detractores, cada vez saben menos pero hablan más.

Lo más curioso del asunto es que en la marcha del sábado pasado había una representación de Eduardo Feinman, y parecía la síntesis de todo esto, la negación de la negación. Este Feinman “careta” blandía un cartel que leía “es ilegal porque sana” y nos hacia un gesto de pulgar arriba –así como el me gusta de Facebook- a todos los que estábamos en la plaza. Parecería entonces que el que es detractor solo es detractor hasta que se interioriza un poco más. Seguro ese Feinman “careta” se dio cuenta de que también habían muchos chicos y adultos con diferentes problemas; que por más de estar “volados”, “re locos”, “de la cabeza” o “drogados” estaban al mismo tiempo lúcidos: ¡Oh Dios Mío! ¿Y además estaban consumiendo porque los ayuda con su enfermedad? ¡Increible, no puede ser! ¿Se drogan y se movilizan con otros seres humanos drogados y no drogados?

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