El color que surgió del suelo

         Por José Tévez

  • El servicio meteorológico Nacional le había comunicado confidencialmente a la municipalidad de Santa Rosa que fuertes precipitaciones se extenderían por tiempo indeterminado. El informe del SMN le recomendaba al gobierno de La Pampa declarar “estado de alerta”, y una serie de recomendaciones que consistían en disponer de un centro de evacuación para refugiados y esperar a que el fenómeno temporal cese. El documento pasó a manos del ministerio de seguridad de La Pampa para no alterar el orden público. Las fuertes lluvias estaban pronosticadas para la mañana de un 29 de marzo. Aquella mañana la ciudad de Santa Rosa había amanecido atrapada en una extraña atmósfera gris con una lluvia interminable que descompuso todo el sistema hídrico local. El colapso de la red cloacal llevó a la superficie grandes cantidades de material fecal acumulada de su población durante largas décadas.  En el aire fluía un estado de putrefacción que iba apoderándose de los sentidos de los habitantes que esperaban con la impaciencia y la resignación de siempre; el fin de la bendita lluvia.
  • La lluvia no fue mejorando hacia la noche.  Las fuertes cortinas de agua descendían junto a las sombras. Los vehículos podían circular lentamente solo en la zona céntrica o en algunos barrios asfaltados. Era una noche normal: los ciudadanos de a ratos espiaban por la ventana y volvían a mirar televisión y los usuarios de las redes sociales compartían fotos de zonas inundadas creando un clima de indignación virtual.   Marcos (19) vivía con su abuela en el barrio “Escondido”, en la calle 14. El joven había salido a comprar pan para acompañar un plato de fideos con tuco que preparaba su abuela. Llevaba un par de botas amarillas de goma, una vieja campera de viejas locas, y una linterna que apenas alumbraba. La despensa quedaba a unas 5 cuadras, y era el único lugar abierto para comprar algo de comida. Marcos caminaba lentamente esquivando algunas piedras que apenas sentía entre la correntada de ese liquido marrón y espeso que atravesaba sus piernas.
  • El temporal había generado un corte de luz en algunas zonas de la ciudad. El barrio Escondido estaba inmerso en la oscuridad producto de la rotura de un transformador eléctrico que suministraba luz en algunas esquinas. Un grupo de vecinos habían empezado a salir de sus casas aterrados y se alumbraban las caras con sus celulares mientras se comunicaban entre sí. “Esta lluvia de mierda que no para, no tenemos luz y en pocas horas no podremos cargar los celulares”- decía una madre con su hijo pequeño en brazos. Afuera se escuchaba un torturador ladrido de perros y las sirenas de la policía a la distancia. Marcos, había salido de la despensa poco antes del corte de luz. Con 2 tiras de pan entre sus brazos y el agua hasta las rodillas, Marcos, caminaba de regreso a su casa pensando en el estado anímico de su abuela. Comenzó a trotar desesperado en esa correntada de líquido marrón espeso que rebotaba en los tapiales.  “Pobre vieja, debe estar asustada” – pensaba Marcos. Con la agotada luz rojiza de su linterna, Marcos fue interceptado por dos hombres de unos 40 años encapuchados que le preguntaron qué lleva en la bolsa. – Es pan para mi abuela, me está esperando para comer. –  responde, mientras siente que sus piernas se anestesian y comienza a sentir una brisa que congela su pecho.  Los dos hombres encapuchados, golpearon a Marcos fuertemente en la cabeza y cayó sumergido en ese líquido. Los extraños se llevan la bolsa de pan, mientras la vieja linterna se pierde en la espesa correntada marrón que se enfurecía en un ambiente oscuro y siniestro.

Reptiliano.jpg

  • Después del golpe, Marcos, quedo totalmente desorientado. Rápidamente comenzó a correr para cualquier dirección. Marcos buscaba alguna esperanzadora luz que lo oriente camino a casa. Se escuchaba la misma sirena de la policía, llantos de perros que parecían humanos y las hélices de un helicóptero. Marcos pensó que el gobierno habría tomado cartas en el asunto, y logró estabilizarse emocionalmente. Una luz blanca de un Samsung Galaxy sorprende a Marcos: era una joven de 20 años que llevaba una mochila y una faca entre sus manos. La joven lo alumbra directamente a la cara y ve el rostro aterrado y ensangrentado de Marcos. Y pregunta: ¿Qué haces fuera de tu casa? ¿ No ves que esta todo podrido? Y le dice: “No podemos salir del barrio”. Marcos angustiado responde que solo quiere llegar a su casa, que su abuela estaba sola. – “Con este temporal y a oscuras, no puedo ubicarme”, dice Marcos. La chica pareció comprenderlo y le dijo que estaba buscando a sus hermanos que habían salido del barrio para buscar ayuda justo después del apagón de luz, y que su padre estaba totalmente poseído: “se cago a trompadas con unos vecinos y lo apuñalaron. Está en mi casa herido”. El miedo se había propagado por el cuerpo de Marcos. La chica extiende su mano y le dice – toma, raja enseguida. Era un celular Nokia con linterna. La joven sin nombre se pierde rápidamente entre la oscuridad y la desolación de aquella esquina.
  • Las botas de goma amarilla parecían cargadas de cemento. Sin el pan ni la linterna con la desgastada luz, Marcos corrió abriendo horizonte con la linterna del Nokia 1100 que le había regalado aquella chica extraña desesperada también por su familia. Los vecinos de la calle 14 del barrio “Escondido”, estaban correteando para todos lados. Era su cuadra. Marcos, al alumbrar la cara de uno de sus vecinos descubre algo extraño: un rostro teñido de un color verde, los ojos rojizos, y las arterias en su frente parecían estallar. ¿Qué está pasando? Pregunta Marcos. El vecino le mostró sus manos y la piel parecía escamas de un reptil y los dedos la forma de pezuñas de ratas. El miedo y la náusea se apoderaron de la atmósfera del barrio y de la noche. Marcos, entró a la casa de su abuela a los gritos: ¡Abuela! ¡Abuelita, dónde estás! Se dirigió a la cocina. Marcos, vio los platos de fideos servidos en la mesa, y a su abuela, sentada en un sillón devorada por un enjambre de ratas. Con lágrimas en sus ojos, Marcos, huye de su casa, y corre sin parar hasta que ve una camioneta de la policía de La Pampa. Marcos intenta acercarse y un efectivo le dispara a la cabeza.

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