El golpe del verosímil

 

Por Nicolás Jozami

Con el misterio entre los dientes

57 femicidios en 43 días

 

No he visto Esposa joven, la telenovela turca que transmitió Canal 13 hasta hace un tiempo atrás. Pero allí hay un dato que contribuye sin querer al análisis de un tema vigente que emerge desde cierta doble condición: la de la posibilidad que ofrecen los medios, y la de la ficción.

La trama de la telenovela es básicamente la de una niña a la que obligan a casarse con un hombre mayor y millonario. El condimento apaciguador a tanto sufrimiento es la aparición de la madre biológica de la niña, que la reconoce e intentará escapar con ella del infierno normativo de esa cultura arraigada en ciertos países del  Oriente.

Más allá del señalamiento poco novedoso, propio de la historia de las mentalidades, que cifraría el hecho de que la niña y sus ayudantes no podrían comprender que sufren lo que les sucede porque han crecido, vivido y estructurado sus hábitos de ese modo, en la opacidad que cada cultura genera en la costumbre, frente a la temerosa libertad de vivir distinto la cotidianidad inscripta en la tradición, hay un elemento efectivo que no ha sido colocado adrede en la arquitectura de la telenovela, pero que pone al espectador tanto frente a la fuerza de la ficción, como a un delgado escepticismo, a un reacomodamiento instantáneo del sentido de una historia.

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Me refiero al por momento gracioso cambio de intérpretes a medida que la telenovela iba avanzando. Primero fue la maestra Melek, protagonizada por la actriz Gözde Mukavelat hasta el capítulo número 40; en el capítulo siguiente, los espectadores notaron algo distinta a la mujer. Es que sin previo aviso, como lo propone el primer mandamiento del verosímil, otra actriz comenzó a hacer de Melek, continuando a su vez con la trama prevista. Ahora, era Bengi Öztürk la encargada de continuar con el papel.

Por su parte, la protagonista principal, llamada Çagla Simsek, quien en la ficción encarnó casi hasta el final a Zehra, también tuvo un reemplazo inusitado, sin previo aviso y sin explicaciones de ningún orden. Su lugar lo ocupó Kayra Zabci, para coronar los últimos capítulos. Pero eso no fue todo. El personaje de Azad Kirman, (el justiciero amor de Melek), llevado adelante por Orham Simsek hasta el capítulo 62, fue sustituido por Baris Cakmak, debido al trastorno de bipolaridad del primero, causal del asesinato de su propio padre en el año 2015. Podemos advertir que el poder del verosímil, de creer en la representación del conjunto, soportó en la telenovela y en los espectadores los dislates económicos, las renuncias intempestivas, las enfermedades mentales con parricidio incluido, y tal vez mucho más.

Gerard Genette aclara que lo verosímil es una relación de cruce e implicancia entre la conducta de un personaje y una máxima implícita y generalmente aceptada. Tal relación funciona como principio: se comprende la conducta de un personaje cuando se la puede referir a esa máxima admitida. A fuerza de un resumen instantáneo, diremos que la condición del verosímil es aquella que origina y soporta lo creíble, lo posible, en una trama que lo necesita y que toma la forma del desenvolvimiento global de una progresión ficcional. En ejemplos, es verosímil que Superman vuele en los cómics o películas, ya que ningún otro personaje dentro de esa trama global que es el argumento lo haga, salvo el villano, que equilibra fuerzas y da tensión al relato. Dentro de la progresión temática, lo verosímil es lo aceptado al tener en cuenta la arena ficcional con que se va armando cada escena, párrafo, encadenamiento. Es verosímil que una rana hable con la princesa en un cuento infantil, porque no sólo lo hacen los demás animales, algo característico del cuento maravilloso, sino porque anuncian los designios del reino en el que se despliegan esos personajes y sus aventuras. No es verosímil que de un momento a otro dejen de hablar, o que la princesa se sorprenda o se esconda ante la increíble capacidad de dicción de esa fauna.

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Igualmente no hay que leer a Genette, a Jakobson, o detenerse en obras teatrales de Alfred Jarry para comprender que, aunque cambiaran todos los actores y actrices, la historia de Esposa joven seguiría su camino prefijado en el argumento previamente escrito. El telespectador podría azorarse un instante, pero, porque el verosímil lo exige, seguiría encarrilando la historia en su mente más allá del color de las fichas que mueven los hilos de lo relatado, de lo escenificado.

Ahora, bien, hay una verdad, que la telenovela ejemplifica y que el cambio repentino de papeles no anula, sino que a la vez, con este empleo del verosímil, aumenta. Esa verdad es la violencia, violencia contra la mujer, de género, expuesta y engendrada en los propios círculos y circuitos de contención más primarios. No daré más estadística que los 57 femicidios en menos de dos meses, porque no es el tenor de la nota; lo que quiero remarcar es que ese telespectador que se encontró con el cambio de actrices en Esposa joven, no dejó de percibir la trama, el hilo argumental de la violencia, ejercida contra los personajes, o emanada de ellos, aún cambiando las caras, figuras, modos de encarnar los papeles. Ese televidente que no sale de la trama agresiva que corre en el televisor, aún sabiendo que no es una sola persona la que lo sufre, sino otra, en el mismo seno, depositada en una misma línea argumental, que es la de nuestra sociedad.

Solo por eso, por ese inconveniente de la producción turca, vale la pena detenerse en el crudo verosímil de ignominia (aquello que no se ve pero se infiere) que puede salir de la boca de cualquier mujer que narra y vive su historia de sufrimiento. Cuántas habrá, cuántas serán Zhera y Melek, intercambiando siluetas pero no dolores ni roles de sometimiento a cumplir, roles pasivos, a la hora de la telenovela que muchas tal vez no ven, ni siguen, pero que entenderían completamente gracias al verosímil, aunque cambiaran todos los protagonistas de la historia. La violencia en los cuerpos y en la mente es una y la misma.

             

 

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