Sexo, sangre y política: series hoy

Por Matías Gómez.

Desde la aparición de Roma en el 2005 de la mano de HBO el mundo de las series de televisión no ha visto nada más que ganancias y más ganancias. Esto sumado al auge de plataformas como Netflix hace que el mercado de las series sea tanto o más rico y abundante que el de las películas. Lo que tuvo Roma que otras series no tenían era el componente HBO. Este es un canal Pay-per-view (pague para ver) que hace años proponía como su contenido insignia, escenas violentas y crudas, la exclusividad de muchos de los mejores encuentros de boxeo y más sobre la noche películas para adultos no pornográficas. Se podría decir que era boxeo, violencia ficcional y tetas. Roma es de las primeras series en traer un épico de vuelta a la televisión con un buen marco histórico, sangrientas y bien coreografiadas batallas y sexo explícito de todo tipo: hetero, gay y lésbico.

Después de Roma viene el aluvión de series épicas con estos componentes. Game of Thrones, tocando la fantasía y la política de la época con un tinte de realidad en el tema de fin del feudalismo, con personajes muy profundos, una temporalidad que supera ampliamente el tiempo de aire, excelente trabajo en el campo visual, llega para quedarse por lo que hasta ahora pintan como 8 temporadas con gran éxito. Spartacus hace algo parecido a lo visto en Roma, pero con más gore, mucho más sangre; y sexo salvaje, al punto a veces de incomodar a un espectador desprevenido. También goza de gran éxito y termina en la cuarta temporada. Black Sails y Vikings son las que se destacan un poco más de entrada a partir de ver las temáticas. Una es de piratas y la otra de vikingos. De Black Sails, no llegué a ver más de cuatro capítulos aún teniendo las primeras dos temporadas descargadas en HD. Un vestuario llamativo, puesta en escena decente con buenos escenarios pero los personajes parecían sacados de La Maldición del Perla Negra y la forma de avanzar de la trama también. El agregado de personas que la siguió viendo y me comentó algo me dijo que la serie no fallaba en mostrar a las actrices más lindas en una escena de sexo al cabo de un capítulo de su primera aparición. Vikings es una serie que se instaló rápidamente por abordar un momento histórico quizás poco conocido en profundidad y blandiendo el argumento de ser “una sangrienta lección de historia”. De una serie de The History Channel no esperaríamos nada menos, claro.

La dimensión conocida

En el curso de los capítulos identificamos a los personajes que nos van a gustar y serán principales por sus cortes de pelo novedosos hasta para el siglo XXI. Cabezas rapadas de uno o dos lados, pelos largos y las formas más estrambóticas e inusuales para usar el pelo en la fría Noruega de los años 700/800 después de cristo. Ragnar el más emblemático tiene un corte de pelo que es furor en las calles del mundo de hoy, hasta en Santa Rosa hay ahora personas con el pelo como él. Mientras que el corte de pelo su esposa, Lagertha, ya era muy visto antes de la popularización de la serie.

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A través de los capítulos y las temporadas la serie se encarga de mantenernos cerca de casa. Ragnar se divorcia y lucha por la custodia de su hijo, claro que después se emborracha e injuria un poco a su exesposa con sus colegas. Se casa con su amante, una mujer más joven y con más peso político que su anterior pareja. Y de a poco parece ir volviéndose loco por la suma de responsabilidades de ser un héroe de clase trabajadora. Las presiones de lidiar con crisis de identidad religiosa y con deudas morales a amigos y familia toman un gran peso. La moral cristiana juega mucho con Ragnar, al punto que este contempla ser el primer vikingo cosmopolita que se convierte al cristianismo y hasta lee la biblia. ¿Su mejor amigo? Athlestan, un monje ingles que atraviesa los mismos periplos, no sabe si creer en los dioses nórdicos y aspirar a entrar a Valhala, o si confiar en su dios todopoderoso y aspirar a entrar al Cielo después de muerto.

El protagonista decide lidiar con sus problemas personales a lo largo de la serie con relaciones interculturales densas, con Athlestan su obsesion tiene momentos en los que este es su esclavo y a veces es su hijo o su hermano. Con el rey Egberto de Wessex tiene una amistad a medias basada en empatía de grandes líderes. Luego una hija del emperador chino de la dinastía Zedong llega a Cattegat como esclava y se convierte en la mejor amiga de Ragnar. Ahí es donde él se convierte en un personaje de hoy, se vuelve un yonqui, quiere invadir Paris pero la abstinencia de opio le nubla el juicio y tiene algunas de las ideas más pedantes de la serie. Por supuesto estas ideas le salen siempre bien y de alguna manera triunfa ante los suyos.

Una mutilada lección de historia

De los vikingos no todo el mundo sabe demasiado, no son un tema de mucha relevancia en los planes escolares y a menos que uno se siente a investigar por cuenta propia a partir de algún impulso en particular una serie es una buena apuesta para conocer más. Teniendo en cuenta que no es de FOX o de HBO o de ANC o de ninguna otra cadena dedicada casi exclusivamente a producir ficciones; depositamos nuestra confianza en que algo vamos a poder rescatar y de ahí nutrir nuestro conocimiento sobre la historia de los maravillosos nórdicos conocidos por invadir, incendiar, violar y robar los “indefensos” reinos católicos del centro europeo. No es recomendable, la serie es puramente ficción: sobre nombres existentes en la historia dibuja su propia historia y sobre hechos que sucedieron y son conocidos también.

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Aparecen nombres como el de Alfredo el grande, Carlomagno, Carlos el simple, el Conde Odo de París, el Rey Horik y hasta el mismísimo Ragnar Lodbrok, su esposa y sus hijos. Todos nombres que aparecen en los registros históricos de los ingleses, romanos, francos y vikingos respectivamente. El problema es que la serie comienza con una fecha precisa, 793 d.C. y de ahí no construye bien. Avanza en la trama y las situaciones toman prestados sucesos de años o siglos posteriores. Y sobre todo, en el resto de los capítulos las marcas temporales explícitas son escasas y cuando aparecen solo desorientan al espectador que se intrigó e investigó más de la cuenta.

El show debe seguir

Ahora, a pesar de todos los contratiempos históricos y las incongruencias culturales; la serie se afilia bien a esta corriente de producciones iniciadas por la Roma de HBO. Con mucho trabajo de producción, un excelente vestuario y diálogos que si bien poco tienen de vikingos hacen a una trama atrapante: la serie se para fuerte y aparenta quedarse por unos años más.

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Ante lo no histórico y la parcial irrealidad de Ragnar Lodbrok en la historia documentada es difícil para el espectador predecir cuándo terminará por una cuestión histórica. Pero para los productores es más fácil extenderla y darle el final de fantasía que deseen. A diferencia de Spartacus, por ejemplo, que gozo gran éxito y terminó en su cuarta temporada. Vikings cerró la cuarta tirada de episodios con un cliffhanger de proporciones titánicas. Nada ha terminado, la historia seguirá y mientras no flaqueen en violencia, buenos vestuarios, sets impecables y la ocasional escena de sexo irónicamente sutil seguirá vigente entre los espectadores hambrientos de pasado violento.

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