Trump: hater americano

Por Matías Gómez

Qué ironía que en la era de los derechos de los animales, la corrección política y las conquistas ambientales y humanitarias gane la presidencia de los Estados Unidos de América un personaje como Donald Trump, no? No, tiene sentido, después de todo y a pesar de no tener la mayoría en los votos ciudadanos el sueño del Sueño Americano ganó la elección. Trump se definió a sí mismo como una personalidad fuerte y explosiva. Todos entendimos qué era y qué no era.

Una forma tradicional en la antropología de entender la formulación de una identidad propia es definirse binariamente, a partir de que es el otro defino que no soy yo. El otro se delimita a partir de una diferenciación dialéctica. Soy A porque no  soy B. y de ahí se puede continuar con el razonamiento polarizado tan popular hoy en día. Si no soy B, y B no es A ni se considera A entonces B es el Otro. Es decir, si le quito importancia a esa causa que gente que me rodea desea llevar a todos lados, quizás esa gente me vea como una de dos cosas, alguien a convertir o un obstáculo.

marcha trump.jpeg“Hoy, se transfiere el poder de Washington DC y se lo damos a ustedes, la gente”– Donald J. Trump.

Donald Trump jugó ese juego, y ya se había visto antes. Si hay una ideología o movimiento político muy estudiado, es el nacionalismo. Para ver la victoria de Trump es clave ver sus estrategias comunicacionales. Su slogan es Make America Great Again, Hacer América Grande Otra vez. Desde un principio plantea que el país ya no es grande, y por ende antes si lo era. Y haciendo uso de situaciones coyunturales hace germinar su idea en un germinador que ya tenía algodón húmedo y papel secante. Como los grandes líderes nacionalistas de la historia –Hitler, Perón, Fidel Castro- el Sr. Presidente apela a un sector específico de la población en un momento especifico. Para hacer lo que hizo hacía falta tener timing, estar en el lugar indicado en el momento indicado.

Apeló a un sector enojado, a un grupo de personas marginadas por su misma sociedad. Planteó enemigos claros y en cantidad, para todos los gustos. Jugó a muchas puntas. Los chinos, los islamistas radicales, los inmigrantes, los roba trabajos, etc. Por muchos lugares habían ofendido al estadounidense trabajador y orgulloso porque su multinacional se mudó a China, México, etc. y él perdió su trabajo. La pieza fundamental del American Dream (Sueño Americano). Una especie de mandamiento fundamental que antecede a la biblia y a todas las enmiendas. Trabajarás duro toda tu vida. Trabajaras para poder vivir en tu casa soñada, con tu auto soñado, tu perro hermoso y tendrás todas las distracciones para poder omitir todas las cosas malas de la vida. Una especie de hedonismo McDonald’s.

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“Seamos negros, marrones o blancos todos sangramos la misma sangre roja de los patriotas”– Donald J. Trump. 

El veinte de enero de 2017 fue la asunción del nuevo presidente electo en los Estados Unidos de América. El Capitol Hill, el patio de la casa blanca estaba repleto de gente. Una gran multitud blanca, en la casa blanca. Una situación parecida a la de los días de campaña del presidente Trump donde los únicos negros estaban porque sabían que la cerveza se vendería bien, y también la barbacoa sería una gran posibilidad para generar unos mangos extra.

En el Capitol Hill esa tarde había poca gente de color, los presentes estaban ubicados en los asientos de privilegio al frente. Políticos y personalidades invitados de todo el mundo. Había árabes, negros, latinos, chinos, etc. Toda la paleta racial ubicada en esa zona de cómodas sillas acolchonadas. Tan solo unas filas de butacas era donde se encontraba la diversidad, de ahí hacia atrás la multitud era uniforme y combinaba con el color de la casa.

El discurso de Mr. President fue conciso, casi veinte minutos alcanzaron para decir todo lo que debe decir este Presidente de EUA en su asunción. Pareció uno de esos capítulos de Friends en los que recuerdan viejos capítulos. Veinte minutos, un protagonista y un refrito de cosas que ya hemos visto y oído y nos han causado y nos seguirán causando mucha risa.

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“Vamos a reforzar viejas alianzas, formar nuevas y a unir el mundo civilizado en contra del terrorismo radical islámico. El cual erradicaremos completamente de la faz de la Tierra” – Donald J. Trump. 

Ahora volviendo a la ironía de esta victoria electoral en un contexto tan particular y “politizado” como el que vivimos hoy donde todo tipo de debates –ya sean sobre cuestiones directamente relacionadas a la política o no- se llevan a cabo en las redes. Las formas principales de militancia en redes son a través de memes, humor y odio.  Al mismo tiempo buena parte de la campaña de Donald Trump se hizo en redes. Aunque el solo se presentó a través tweets ofensivos y que escapaban a la etiqueta de una campaña presidencial. Después las redes hicieron lo suyo dándole millones de retweets y propaganda gratuita.

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En la red, el anonimato o la distancia – dependiendo de en qué “lugar” se lleve a cabo la discusión- nos da más libertad. Libertad para ser políticamente incorrectos, para usar las palabras que queramos o podamos, y para inventar palabras. Una palabra muy popular últimamente en la red es “hater” –pronunciado “jeiter” y significando “odiador”- muchos de estos debates online son asambleicos y ricos en opiniones muy diversas. Nunca falta el que viene a repartir odio por la razón que sea. En la red los haters están por todos lados, el pensamiento polarizado bipartidista lleva a veganos a odiar a los vegetarianos por débiles y a los carnívoros por desalmados, los usuarios de Samsung odian a los usuarios de Apple, los hinchas de River odian a los de Boca y viceversa. El mundo odia a los yanquis por decirle fútbol a un deporte que solo juegan ellos y no es el fútbol que muchos conocen en el mundo.

En resumen, se puede encontrar un hater para cada cosa. Muchas de estas causas tienen haters dentro, y si bien quizás no son la mayoría hacen mucho ruido y repiten mucho las cosas. Un mensaje llega de un lugar a otro claramente si se lo repite lo suficiente y si se es conciso; es decir, se elimina la interferencia. Ese mensaje muchas veces es el que más queda y Trump no es el primero pero como dije antes tiene buen sentido del timing, es oportunista, aprovecha el cómo de las cosas. Entonces, si una tendencia mundial en la red es odiar y un frio odiador va para presidente del país con el lenguaje universal de la red, quizás tenga sentido, que Donald J. Trump sea hoy el presidente de Estados Unidos.

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