Unos mates con galletitas que no existen

Por Matías Gómez.

La monotoneidad, la repetición, mover la ruedita para abajo en los distintos muros. Solía decir que la ventaja y diferencia principal de Internet por sobre la televisión era que cada uno elije el contenido que ve. La “libertad” que nos ofrece la red en contraposición con las enumeradas opciones que nos ofrece la grilla. La idea todavía es técnicamente válida, pero sin embargo,en la praxis más común (a partir de observar las redes como facebook, instagram y tevolution.jpgumblr sin ningún método mas que el de observador de pantallas ajenas) no se ve esta libertad que supone el decidir. Sino que en estos nuevos medios de expresión “libre” y horizontal se configuran nuevas grillas custom.

En algún punto, si uno es curioso, se da cuenta que la mayor parte de los sitios web que visita empiezan con una pequeña advertencia abajo que habla sobre cookies. Para los que saben algo de ingles, cookies son galletitas. En informática, son galletitas virtuales, bocaditos de información que se guardan en tu navegador y le dicen a las páginas que estuviste haciendo antes. Como todo desde que las computadoras existen está el aviso legal en el que uno renuncia a enojarse u ofenderse: los términos y condiciones, o las “disclaimer” (en ingles renuncia). Claro está que nadie los lee, y esto lo saben los que los escriben ya que a través de una breve búsqueda en internet aparecen los easter eggs (huevos de pascua) escondidos en estos acuerdos de uso que aceptamos. Uno de los más famosos le dio mil dólares a la primera persona que los leyó completos, también las actualizaciones de iTunes contienen una cláusula que prohíbe usar el software en una guerra química/nuclear.

itunesagreement.jpgNunca aconsejaría leer cuidadosamente todos los términos y condiciones de todas las advertencias en internet. Pero cada vez que hacemos clic en aceptar les decimos que nos peguen y nos digan como nos gusta.

La sugerencia esa que te ofreció justo lo que estabas buscando al mejor precio no fue producto del destino, fue una galletita que se comió Google, un pedacito de vos. Un pedacito de vos que Google mismo regurgitó y te escupió en la cara cuando más lo querías -o todo el tiempo, hasta que tuviste la guita y lo compraste, pero nunca dejó de estar ahí- lo mismo cuando pones un me gusta en facebook, o buscas a todas esas minas que suben fotos de sus cuerpos esbeltos a instagram, o de esos que las suben de drogas, o de los videos porno que mirás, la música que escuchas en youtube, las listas por estados de ánimo y género en spotify, las sugerencias de a quién seguir en twitter.

Todo en el momento indicado, cada página se alimenta de algo diferente en particular, cada sitio forma su panera con galletitas de las que más le gustan. Te convierten en ese paquete barato de galletitas surtidas que nadie compra pero siempre están en el último rincón de la casa de tus abuelos.

Entonces la red se vuelve una grilla también, y la idea vaga de que uno elije que consume en internet, y no en televisión, está supervisada por los CMOs (Chief Marketing Officer en ingles, oficial en jefe de marketing en español) de las empresas que son dueñas de las páginas que visitas y los navegadores que usas.

Entonces de a poco, con tu consenso, la internet conforma tu grilla ideal para que no dejes de mover la ruedita hacia abajo. La red deja de ser elástica y maleable, deja de ofrecer esa cosita extra, ese piripipí con sabor a libertad y empieza a hacer una fuerza sobrehumana para que sigas viendo lo mismo, para crear en tus pantallas un lugar de confort del que no quieras o puedas salir de.

Lejos de caer en alguna teoría conspirativa y extrema al estilo de Waldo en Black Mirror, se nos llama la atención y se nos dice constantemente que aceptemos estos bocaditos. Y gustosos nos llenamos la boca, o se las llenamos a ellos, para que como un pichón de paloma común nos devuelvan el bocadito ya masticado y adaptado a nuestros “deseos”. Ese es el canibalismo virtual al que nos sometemos a diario, nos comemos galletitas hechas con nuestra propia masa gris.

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